miércoles, 26 de marzo de 2014

¿Qué está pasando aquí?

Capítulo 3
No sabía qué estaba haciendo, pero me gustaba que me cogiese de la mano, me ponía nerviosa pero a la vez me tranquilizaba. Era algo extraño, pero me gustaba.
Maldito chico, ¿qué estaba haciendo conmigo? Era la primera vez en mucho tiempo que alguien me cogía de la mano y me hacía sentir así. Esta vez no quité la mano, sino que entrelacé mis dedos con los suyos y sonreí de forma tímida. Él se rió y  también entrelazó los suyos y se acercó más a mí. En ese momento me puse roja como un tomate, menuda vergüenza estaba pasando pero era extraño porque estaba tranquila.
Pasamos la noche viendo la televisión y comentando cada tontería que salía. Parecíamos idiotas, riéndonos y cogidos de la mano debajo de una manta. Se nos hizo tarde así que, él decidió marcharse para dormir.
-Buenas noches, preciosa.
-¿Preciosa? Espera, ¿a quién le estás hablando?
-Aparte de preciosa, idiota.
-Lo tengo todo, ¿verdad?
-Sí, no te falta de nada por lo que veo. Oye, me voy a tener que ir ya, que sino, no me voy a ir nunca.
-Ojalá- dije en un murmullo.
-¿Has dicho algo?-dijo con su sonrisa de “te he escuchado pero quiero que lo repitas”.
-No, nada, que hasta mañana si quieres.
-¿Si quiero? Por supuesto que quiero.
En ese momento se acercó a mí de nuevo y me besó en la mejilla, pero no fue un beso cualquiera, fue un beso de esos que piden ser dados en los labios, y por un momento quise besarle, pero no lo hice. Entonces se dio la vuelta y me quedé en la puerta viendo como se alejaba.
Cuando ya no se veía nada, me di la vuelta, cerré la puerta y suspiré sin saber por qué. ¿Qué me estaba pasando? Si a mí no me gustaba ser romántica, ¿por qué sentía la necesidad de ser cariñosa, romántica y demás cosas ñoñas con él?
Decidí dejar de pensar en eso, o acabaría incluso con dolor de cabeza, cosa normal en mí, así que me fui a por mi pijama y subí al dormitorio a dormir unas cuantas horas, que falta me hacía.

A la mañana siguiente, me desperté demasiado temprano pero con energía, y pensé:
“¿Hola? ¿Qué hacía despierta a las diez un día que no tenía motivos para madrugar? Y lo más extraño, ¿por qué tenía tantísima energía si la mayoría de las veces me costaba hasta destaparme? “
Me levanté de la cama y al mirar por la ventana vi que hacía un día tan soleado que hasta la luz me molestaba en los ojos, así que decidí hacer algo productivo y no desaprovechar mucho esas horas de sol y calorcito.
Bajé, desayuné y me cambié de ropa. Me puse algo cómodo, unos leggins negros, unos tenis y una camiseta ancha y larga con una chaqueta finita, y con eso salí fuera a buscar a los perros para ir a andar un rato. Cuando llevábamos un rato, escuché un ruido y los perros se pusieron a ladrar. Parecía que alguien venía detrás de nosotros así que eché a correr sin ni siquiera mirar atrás. Corrí hasta tal punto de no poder más, y apoyé las manos en las rodillas mientras miraba para ver si encontraba qué o quién nos estaba persiguiendo. De pronto vi una sombra pero los perros estaban calmados, no ladraban, de hecho, estaban jugando al otro lado de la cañada.
Me recuperé rápido de esa carrera, así que me di la vuelta para llamar a los perros, pero ya no estaban allí, ¿dónde se habían metido?
Empecé a llamarlos:
-¡Toby, Dana, Elah, Max!
Ni un solo ladrido. De pronto volví a escuchar un ruido, me di la vuelta y miré a todos lados, pero no vi nada, así que volví a llamar a los perros pero seguían sin contestar. Seguí andando para ver si los encontraba pero ni siquiera los escuchaba.
“¿Qué  será ese ruido? “, pensé. Volví a escucharlo, pero esta vez muy cerca de mí, parecían pasos de alguien pisando hojas secas. Me di media vuelta y me asusté al ver al chico misterioso, tanto que me tropecé con una piedra y me resbalé, por suerte me cogió del brazo y evitó que me cayera por un precipicio.
-¡Joder!-dije-¿Podrías dejar de asustarme?
Me abrazó sin decir nada, y eché la cabeza sobre su pecho. Yo tenía el corazón a mil por hora, parecía que se iba a salir por la boca.
-Perdóname, por favor, no quería asustarte, al menos no de esta forma.
-¿No de esta forma? He estado a punto de caerme por este precipicio. Me he muerto del miedo.
Y era cierto, aún me temblaban las piernas del susto.
-Perdóname.-me abrazó con más fuerza-¿Estás bien? ¿Te has hecho daño?
-Esto… Sí, estoy bien, y no, no me he hecho daño. Gracias por cogerme.
-De nada, preciosa.
En ese momento seguía abrazándome, levanté la cabeza, le miré y le besé en la mejilla.
-Eres un idiota, que lo sepas.-volví a bajar la cabeza y le abracé yo también.
-Soy un idiota que te aprecia bastante. ¿Puedo ser solo tu idiota?
-Puedes ser solo mi idiota.
En ese momento me cogió de la barbilla con dos dedos y me levantó la cabeza para que le mirase.
-Entonces seré solo tu idiota.-me dijo mientras se acercaba más a mí.
Parecía que quería besarme, pero giré la cara y acabó besándome en la mejilla. No quería que me besara, pero si quería. Era algo extraño, tenía sentimientos encontrados. Hacía tanto que no me sentía así, y la última vez que lo hice la acabe fastidiando.
-Oye, se me han perdido los perros, ¿me ayudas a buscarlos?-tenía que decir algo para terminar esa situación.
-Claro, vamos, ¿por dónde se han ido?
-Por allí.-señalé.
Nos pasamos un buen rato buscándolos hasta que por fin los encontramos jugando en un prado verde, y nos sentamos allí en medio a mirarlos. Se estaba tan bien allí,  tan tranquila. Y bueno, no me podía quejar de la compañía que tenía.
-¿Te puedo preguntar algo?-dijo de repente.
-Dispara.
-¿Qué te parezco?
-¿Que, qué me pareces?
-Sí, ¿qué te parezco?
-Pues, esto… Me pareces alto, guapo, simpático, idiota…
-Idiota, ¿eh?-sonrió- Me gusta.
Joder, cada vez me encantaba más esa sonrisa suya, esa sonrisa torcida que daban ganas de ponerla en su sitio de un mordisco.
-Oye, ¿por qué te muerdes el labio?

Mierda, me había quedado mirándole los labios, su sonrisa y me estaba mordiendo el labio sin darme cuenta. ¿Qué me estaba pasando?


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