En ese momento se fue la luz, y perdí mi
conexión a internet. “Mierda, ahora me voy a quedar con la intriga”.
De pronto la puerta de mi dormitorio se
abrió y el chico entró.
-¿Estás bien?
-Sí, ¿por qué iba a estar mal?- dije
nerviosa.
-No sé, estaba leyendo y se fue la luz.
Sólo quería saber si estabas bien.
-Sí, si lo estoy. Gracias por
preocuparte.
-No hay de qué.- Sonrió y se dio la
vuelta.
Parecía afectado. Él se preocupaba, y yo
le contestaba borde.
-Esto… ¿Quieres dormir aquí? Hay una cama
libre.
-Sí, claro. Aunque preferiría dormir en
la misma cama que tú.
-Créeme, no hay peor idea que esa.
-¿De verdad? ¿Por qué?
Por fin había recuperado esa sonrisa
suya.
-No tengo ni idea de artes marciales pero
dormida doy unas patadas increíbles.
-Está bien, dormiré en la otra cama.
Le alumbré con el móvil para que no se
chocase con nada y se metiera en la cama, aunque había luna llena y entraba
algo de luz por la ventana.
-Por cierto, me parece que la tormenta ha
estropeado algún cable o algo. Así que mañana miraré a ver si puedo arreglarlo.
-¿Y cómo sabes si eso? Quizás se ha ido
la luz simplemente.
-Créeme, la luz no va a volver hasta que
la arreglemos.
-Qué listo eres, ¿no?
-No te haces una idea.
Esto de disimular el mal rollo que me
daba no saber quién era por culpa de la maldita señal de internet no se me
estaba dando muy bien del todo.
-¿Cuándo vas a contarme quien eres?- le
pregunté.
-Es una historia un poco larga.
-Bueno, no hay mucho que hacer ahora
mismo, así que puedo escucharte sin ningún problema.
-Está bien, tú lo has querido.
-Me encanta oír historias.-Sonreí.
-Bien, pues nací en Madrid, como ya te
dije, viví allí durante unos cuatro años, entonces tuve que mudarme a Cádiz por
el trabajo de mi padre. Allí pasé los siguientes siete años, hasta que mis padres se separaron
y entonces me vine a vivir a Málaga con mi tía hasta los 18, y por ahora sigo
viviendo allí, aunque ya tengo mi propia casa, y trabajo en lo que puedo para
poder pagarme mis gastos. ¿Algo más que
quieras saber?-dijo con una sonrisa en los labios frente a mi cara de asombro,
ya que por fin, me contaba algo de él.
-¿Por qué te fuiste a vivir con tu tía?
¿Tienes una casa para ti solo? ¿En qué has trabajado?
-¿Tanto te interesa mi historia?
-¿Acaso no lo ves? Me pareces una persona
súper interesante frente a toda la gente que conozco. Creo que tienes una gran
historia detrás de ti, pero que no sé por qué, no me la quieres contar. También
creo que eres una persona amable, cariñosa, comprensiva, eres un encanto, eres
un hombre de palabra, se te ve súper maduro, tienes los pies en la tierra,
sabes hacerme reír, y hay algo en ti que me dice que no me equivoco cuando digo
que eres asombroso.
-Vaya, tampoco soy para tanto, pero
muchas gracias por todos cumplidos.
-De nada- dije sonriéndole con las
mejillas rojas por haberle soltado tanto halago junto-. Pero sigue contándome
tu historia.
-Mira que eres insistente, eh. Pero
bueno, después subirme el ego como me lo has subido, te tienes merecido saber
un poco más de mí. Me fui a vivir con mi tía porque el divorcio de mis padres
cada vez iba peor y, aunque en ese entonces fuese un crío, tenía claro que no
quería ver a mis padres discutir de la forma en la que lo hacían, así que
venirme a Málaga con mi tía fue la mejor opción. Y sí, tengo una bonita casa cerca
de la playa. Y bueno, he trabajado de bastantes cosas.
-¿Por ejemplo…?
-Por ejemplo de vendedor en
tiendas de arte, en joyerías, de camarero en bodas, de actor…
-Espera, espera, espera… ¿¡De actor!?
¿¡Dónde!?
-Al principio en varios anuncios, después
en algún que otro cortometraje, hasta que hace un año o así me llamaron para
hacer un pequeño papel en una película.- En ese momento se quedó callado.
-¿¡En cual!? Dímelo, por favor, no puedo
con este suspense.
-Adoro que no sepas quién soy.-soltó
entre risas.
-Por fa… Dímelo… Anda…- dije con un tono
de súplica un tanto ridículo, acercándome más a él, y con alguna que otra
caricia para ver si soltaba prenda.
-Está bien, está visto que no puedo resistirme a tus
caricias ni a ese tono que usas para sonsacarme algo. ¿Recuerdas el anuncio que
viste en la televisión el otro día, cuando yo estaba aquí?
-Si te digo la verdad, no. Refréscame la
memoria.
-¿No recuerdas a un chico muy parecido a
mí en el anuncio de una película?
-¡Joder, sí! ¿Eras tú?
-Sí, era yo.
-¡No me lo puedo creer!
Me levanté de la sorpresa, y comencé a
gritar y a gesticular como una histérica, tanto que me tropecé con la cama, por
suerte él me cogió a tiempo para que no me diese de bruces con el suelo.
-Tranquilízate, no es para tanto, soy una
persona normal y corriente.- me dijo con un tono de voz suave y tranquilizador.
-Pero tú… Yo… Ya sé quién eres.
Y en efecto, ya sabía quién era. Y moría
de vergüenza por no haber reconocido al actor de anuncios, cortos y ahora
películas, que me había tenido loca desde la primera vez que lo vi en
televisión.
-Eres Leo Laureth.
-¡Premio para la señorita! –dijo con una
sonrisa tan agradable que no podía dejar de mirarle.- Oye, ¿por qué me miras
así, tengo monos en la cara o algo?
-No, no, todo lo contrario. Es que… Yo…
Tú…
-Deja de tartamudear y vamos a buscar
algunas velas, anda.- me abrazó más fuerte, me besó la mejilla y me cogió de la
mano para que bajásemos los dos a buscar las velas.