Cuando lo perdí de vista entré en la casa y fui directa hacia la chimenea, la cual se estaba apagando, e intenté calentarme.
No sabía qué pensar de aquel misterioso chico sin nombre. Su historia era una historia normal, pero no paraba de darle vueltas. Me contó que era un chico corriente de ciudad, de los que te encuentras en las paradas de autobús o en las salidas del instituto, pero yo sabía que no era así. Había algo en él diferente, no lograba saber si bueno o malo, pero diferente.
Decía que tenía 20 años, que nació Madrid, pero que se mudó con su familia a Málaga por temas de trabajo, que encontró amigos muy fácilmente y que las chicas le prestaban mucha atención, pero que él no les hacía demasiado caso.
Yo veía de lo más normal que las chicas se fijasen en él, pues el chico no tenía mala pinta, de hecho era todo lo contrario, y si era así de encantador con todas, sería el típico que las tiene babeando por donde pisa.
También me contó que era muy tímido, cosa que no parecía ya que me abrazó nada más conocerme. Pero al preguntarle por qué estaba en el campo y si estaba también solo, no quiso contestarme pero sus mejillas enrojecieron, así que dejé ese tema a un lado pues no quería incomodarle.
Cuando quise darme cuenta de la hora que era habían pasado diez minutos de las seis. La seis de la mañana y yo divagando sobre la historia que me había contado ese chico. Decidí parar de pensar en ese tema y subir al dormitorio a dormir, pues después de esa noche me lo merecía. Eso sí, antes de subir, cerré la puerta de delante.En cuanto comencé a subir las escaleras me di cuenta de que allí arriba haría más frío, por suerte tenía las suficientes sábanas y mantas como para evitar el frío durante toda la mañana, pues la noche se había escapado entre las agujas del reloj. Se me antojó leer algo, pero en cuanto me metí en la cama y apagué la luz, caí rendida.
A la mañana siguiente, me despertaron los pájaros cantando, miré el reloj y eran las dos de la tarde.Mierda.. -pensé- no tengo ni pizca de ganas de ponerme a cocinar. Así que decidí hacerme una pizza y me fui a comer fuera ya que hacía un día espléndido y hacía más calor fuera que dentro de la casa. Cuando terminé, recogí el plato y el vaso y los lavé, por desgracia el agua caliente no funcionaba bien, así que pude sentir a la perfección como el agua fría me quitaba el poco calor que tenían mis manos.
Volví fuera y me fui a dar un paseo con los perros y con la cámara. Adoraba fotografiar cualquier cosa que mereciese la pena. A la media hora comenzó a nublarse, así que decidí volver a casa, pues las nubes no parecían traer buenas noticias y yo tenía ropa tendida. Nada más llegar a casa fui directa a recoger la ropa y a tenderla dentro de casa pues aún seguía empapada. Volví a la parte delantera de la casa e intenté encender la chimenea, la cual tras varios intentos y cerillas malgastadas, decidió encenderse, pero vi que no quedaban mucha leña, así que aproveché que aún no llovía para salir a buscar algo de ésta pues con los palos que quedaban no aguantaría toda la noche.
De repente recordé que el chico misterioso y yo nos prometimos volver a vernos, pero si al final llovía seguramente no vendría. O eso pensé.
Pasaron las horas y el cielo cada vez estaba más oscuro, tanto porque el Sol se ocultaba como por las nubes negras. Como no sabía qué hacer, me puse a leer hasta que me hartase. Y así me dieron las doce menos cuarto, y decidí para y hacer algo para cenar. Opté por algo ligero y rápido, arroz tres delicias.
El chico misterioso no llegaba y ya eran las dos de la madrugada y, para colmo, estaba comenzando a chispear. A pesar de todo tenía algo de esperanza en que volviera, me lo había prometido... Así que decidí esperarle un poco más.
A las tres, cansada de esperar, cogí las llaves y una manta y cerré la puerta para subir a los dormitorios e intentar no pensar en por qué no había venido, ya que decía que era "un hombre de palabra".Estuve un buen rato dando vueltas en la cama, no paraba de pensar en si le había pasado algo. Al fin pude sacarme ese desagradable pensamiento de la cabeza y pude dormir tranquila, tanto que a la mañana siguiente me desperté a las doce. Adoraba dormir, era lo que mejor sabía hacer no cabía duda.
Al ver la hora me levanté, desayuné y salí fuera a ver cómo estaba todo; pero al llegar a la puerta vi algo extraño. Había un sobre bastante sucio en el suelo. Lo cogí, lo miré por todas partes, pero no tenía nada puesto, así que decidí abrirlo para ver si así averiguaba qué era eso y para quién. Cuando saqué de su interior una carta me sorprendí, pues parecía la letra de un chico, o de alguien con mucha prisa por escribir aquello. Asustada comencé a leer:
Siento no haber podido llegar antes esta noche, creí que estarías dormida para cuando viniese y que querrías una disculpa. Perdóname, por favor.
Espero que mañana sigas aquí.
Fdo: ♥¿Por qué firmaría con un corazón y no con su nombre? Ah, ya, "mi nombre no importa, y el tuyo tampoco".
Pasé el resto del día haciendo cosas por casa, porque estaba hecha un desastre. ¿Cómo podía desordenar yo sola tanto y tan rápido?
Al final de la tarde conseguí ordenar y limpiar la casa, más o menos. Decidí darme una buena ducha de agua caliente, bueno, al menos a intentarlo, pues allí el agua caliente iba y venía, pero conseguí reunir valor para meterme debajo del chorro de agua incluso si salía templada, porque fría no lo soportaría.
Al salir de la ducha intenté secarme el pelo con el secador y ya de paso intentar tener una temperatura corporal decente. Me puse la ropa más calentita que tenía, me negaba a pasar frío esta noche viniese o no el chico misterioso. Me senté en el sofá y me puse a ver una película de esas malas que ponen en la televisión por las noches. En un intermedio fui a la cocina a hacerme palomitas y vi por la ventana que estaba lloviendo. “Pobre chico misterioso, si viene se pondrá empapado”, pensé, así que mientras se hacían las palomitas fui a buscar un par de toallas, unos pantalones y una camiseta y un par de calcetines por si llegaba mojado y los puse cerca de la chimenea, la cual encendí para calentar un poco el salón aunque fuese.
Me quedé dormida viendo la película, pero alguien pegó a la puerta y me desperté de un susto. Encendí la luz de fuera y miré por la ventana, era el chico misterioso y, como pensaba, venía empapado.
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