Levantó las cejas y puso su media sonrisa
como aprobación. Salí corriendo escaleras abajo, él intentó adelantarme
cogiéndome del brazo y casi lo consigue pero por suerte me libré de su agarre y
llegué la primera al portal.
-¡Há, gané!-dije con los brazos
levantados en señal de victoria.
Me di la vuelta para poder chincharle un
poco más pero no lo vi .¿Dónde se había metido? Si venía detrás de mí. Subí las
escaleras de nuevo mirando a ver dónde había podido meterse. De pronto escuché
que alguien abría la puerta de las escaleras del portal y miré hacia abajo para
ver quién era.
En ese momento la puerta se cerró, no
había entrado nadie, pero Leo apareció enfrente de mí, cogiéndome por la
cintura y apegándome a él.
-Te he ganado, listillo.
-¿Habíamos apostado algo?-preguntó,
esperando que la respuesta fuese si.
-No, pero si quieres apostamos.
Viendo que no me soltaba, decidí
abrazarle por encima del cuello, le miré a los ojos esperando una respuesta,
pero su mirada se tornó en divertida a la par que ganadora. Se acercó a mi oído
y me susurró:
-Te apuesto lo que quieras a que esta vez
llego antes que tú al portal.
Me sorprendí por la rapidez con la que me
soltó y salió corriendo.
-¡Tramposo!-dije entre risas.
Salí corriendo detrás de él pero esta vez
no le alcanzaría. En cierto modo quería perder, quería saber qué quería apostar
contra mí.
Cuando llegué a abajo del todo, él estaba
apoyado en la pared con aire fanfarrón.
-Está bien, has ganado.-dije aceptando mi
derrota.- ¿Qué premio quieres?
-Quiero muchas cosas, y podría
aprovecharme, pero me conformaré con que vengas a una fiesta conmigo.
-¿¡Cómo!? De ninguna manera.
-Has perdido, te toca asumir la apuesta.
-¿Pero una fiesta de qué tipo? No tengo
ropa para salir de fiesta.-repliqué intentando que dijese otra opción.
-Es una fiesta de disfraces de época,
pero no tienes de qué preocuparte. Te compraré yo el disfraz.
-No, no, y no, me niego.
-Qué mínimo que te compre yo el disfraz.
Y no hay más que hablar. Vámonos ya.
No volví a replicarle e intenté asumir
que iría a una fiesta de disfraces con el mismísimo Leo Laureth. De camino al
coche comencé a soñar despierta y a imaginar cómo iba a ser todo. Parecía
divertido, pero de pronto caí en la cuenta de que habría un montón de gente y
Leo no podría estar conmigo todo el rato.
-¿A qué hospital vamos?
-A la clínica El Ángel.
Arrancó el coche y nos fuimos. Intenté
hacerme a la idea de cómo estarían las cosas por el hospital para intentar
mantener la compostura pero me resultaba demasiado difícil.
-Estate tranquila.-me dijo.
-Lo intento, pero no puedo.
-Sé lo difíciles que son estas
situaciones, pero tienes que estar tranquila, sino la situación podrá contigo.
-Creo que la situación ya ha podido
conmigo.
-No voy a dejar que eso pase, y si es
así, encontraremos algún remedio.
-Eres un encanto.-le dije sonriendo.
-Tampoco soy para tanto.
-Sí que lo eres. Por cierto, ¿cuándo es
la fiesta?
-Este viernes.
-¡¿Este viernes?! Pero si hoy es
miércoles, ¿cómo voy a encontrar un disfraz que me guste?
-Si no lo encuentras tú, lo encontraré yo.-dijo
mientras me guiñaba un ojo.
-¿Cómo que lo encontrarás tú?
-Si tú no encuentras ninguno que te
guste, ya encontraré yo alguno que me guste para ti.
-Uh, ¿puedo fiarme de tu gusto?
-Ya lo veremos.- dijo entre risas.
En ese momento llegamos a la puerta del
hospital. Suspiré y le miré para despedirme.
-Bueno, pues aquí me quedo yo.-le dije.
-¿Paso a recogerte esta tarde?
-¿Sobre las cinco?
-Estaré en tu casa a las cinco.
Sonreí y me acerqué a él para besarle en
la mejilla, pero él se movió y acabé besándole en los labios.
“Mierda, mierda, mierda, ¿lo habrá hecho a posta? Seguro que sí.” Pensé. Él me agarró la cara con sus dos manos mientras me besaba con
más ganas. Podía notar a la perfección cómo mis nervios correteaban por mi
estómago.
Entonces se separó de mí lentamente,
analizando mi reacción con sus intensos ojos.
¿Y ahora qué tenía que hacer? ¿Qué tenía
que pensar? ¿A dónde tenía que mirar? ¿Por qué había hecho eso?
-Lo siento, yo…Yo solo quería darte un
beso en la mejilla.
-Pero yo no quería que me lo dieras en la
mejilla.
-Esto… ¿Nos vemos esta tarde, entonces?
-Hasta esta tarde.-dijo con una amplia
sonrisa.
Entonces salí del coche, notaba que me
estaba mirando a través de la ventana, no sabía dónde meterme así que intenté
andar lo más rápido que pude para dejar de notar sus ojos en mi espalda.
Finalmente entré en el hospital y mis
nervios salieron de mi estómago. Llegó la hora de la verdad.