domingo, 11 de mayo de 2014

El cosquilleo nervioso.

Levantó las cejas y puso su media sonrisa como aprobación. Salí corriendo escaleras abajo, él intentó adelantarme cogiéndome del brazo y casi lo consigue pero por suerte me libré de su agarre y llegué la primera al portal.
-¡Há, gané!-dije con los brazos levantados en señal de victoria.
Me di la vuelta para poder chincharle un poco más pero no lo vi .¿Dónde se había metido? Si venía detrás de mí. Subí las escaleras de nuevo mirando a ver dónde había podido meterse. De pronto escuché que alguien abría la puerta de las escaleras del portal y miré hacia abajo para ver quién era.
En ese momento la puerta se cerró, no había entrado nadie, pero Leo apareció enfrente de mí, cogiéndome por la cintura y apegándome a él.
-Te he ganado, listillo.
-¿Habíamos apostado algo?-preguntó, esperando que la respuesta fuese si.
-No, pero si quieres apostamos.
Viendo que no me soltaba, decidí abrazarle por encima del cuello, le miré a los ojos esperando una respuesta, pero su mirada se tornó en divertida a la par que ganadora. Se acercó a mi oído y me susurró:
-Te apuesto lo que quieras a que esta vez llego antes que tú al portal.
Me sorprendí por la rapidez con la que me soltó y salió corriendo.
-¡Tramposo!-dije entre risas.
Salí corriendo detrás de él pero esta vez no le alcanzaría. En cierto modo quería perder, quería saber qué quería apostar contra mí.
Cuando llegué a abajo del todo, él estaba apoyado en la pared con aire fanfarrón.
-Está bien, has ganado.-dije aceptando mi derrota.- ¿Qué premio quieres?
-Quiero muchas cosas, y podría aprovecharme, pero me conformaré con que vengas a una fiesta conmigo.
-¿¡Cómo!? De ninguna manera.
-Has perdido, te toca asumir la apuesta.
-¿Pero una fiesta de qué tipo? No tengo ropa para salir de fiesta.-repliqué intentando que dijese otra opción.
-Es una fiesta de disfraces de época, pero no tienes de qué preocuparte. Te compraré yo el disfraz.
-No, no, y no, me niego.
-Qué mínimo que te compre yo el disfraz. Y no hay más que hablar. Vámonos ya.
No volví a replicarle e intenté asumir que iría a una fiesta de disfraces con el mismísimo Leo Laureth. De camino al coche comencé a soñar despierta y a imaginar cómo iba a ser todo. Parecía divertido, pero de pronto caí en la cuenta de que habría un montón de gente y Leo no podría estar conmigo todo el rato.
-¿A qué hospital vamos?
-A la clínica El Ángel.
Arrancó el coche y nos fuimos. Intenté hacerme a la idea de cómo estarían las cosas por el hospital para intentar mantener la compostura pero me resultaba demasiado difícil.
-Estate tranquila.-me dijo.
-Lo intento, pero no puedo.
-Sé lo difíciles que son estas situaciones, pero tienes que estar tranquila, sino la situación podrá contigo.
-Creo que la situación ya ha podido conmigo.
-No voy a dejar que eso pase, y si es así, encontraremos algún remedio.
-Eres un encanto.-le dije sonriendo.
-Tampoco soy para tanto.
-Sí que lo eres. Por cierto, ¿cuándo es la fiesta?
-Este viernes.
-¡¿Este viernes?! Pero si hoy es miércoles, ¿cómo voy a encontrar un disfraz que me guste?
-Si no lo encuentras tú, lo encontraré yo.-dijo mientras me guiñaba un ojo.
-¿Cómo que lo encontrarás tú?
-Si tú no encuentras ninguno que te guste, ya encontraré yo alguno que me guste para ti.
-Uh, ¿puedo fiarme de tu gusto?
-Ya lo veremos.- dijo entre risas.
En ese momento llegamos a la puerta del hospital. Suspiré y le miré para despedirme.
-Bueno, pues aquí me quedo yo.-le dije.
-¿Paso a recogerte esta tarde?
-¿Sobre las cinco?
-Estaré en tu casa a las cinco.
Sonreí y me acerqué a él para besarle en la mejilla, pero él se movió y acabé besándole en los labios.
“Mierda, mierda, mierda, ¿lo habrá hecho a posta? Seguro que sí.” Pensé. Él me agarró la cara con sus dos manos mientras me besaba con más ganas. Podía notar a la perfección cómo mis nervios correteaban por mi estómago.
Entonces se separó de mí lentamente, analizando mi reacción con sus intensos ojos.
¿Y ahora qué tenía que hacer? ¿Qué tenía que pensar? ¿A dónde tenía que mirar? ¿Por qué había hecho eso?
-Lo siento, yo…Yo solo quería darte un beso en la mejilla.
-Pero yo no quería que me lo dieras en la mejilla.
-Esto… ¿Nos vemos esta tarde, entonces?
-Hasta esta tarde.-dijo con una amplia sonrisa.
Entonces salí del coche, notaba que me estaba mirando a través de la ventana, no sabía dónde meterme así que intenté andar lo más rápido que pude para dejar de notar sus ojos en mi espalda.

Finalmente entré en el hospital y mis nervios salieron de mi estómago. Llegó la hora de la verdad.

martes, 6 de mayo de 2014

Que empiece el juego.

A pesar de todos los baches que tenía la carretera, conducía tan bien que apenas se notaban. La música que nos envolvía era alegre, animada, justo el tipo de música que necesitaba. De pronto comenzó a sonar “Coming home” de Skylar Grey y todo en mí cambió. El buen humor se tornó en tristeza y mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.

En un intento por aguantar comencé a cantar en voz baja. Él se dio cuenta y bajó la música.
-Oye, ¿por qué bajas la música?
-Estabas cantando, ¿no? Pues quiero escucharte bien.
-Pero si canto fatal. Te destrozaría los tímpanos.
-¿Por qué eres tan negativa contigo misma? Tienes un montón de cosas buenas, ¿acaso no lo ves?
-¿Sinceramente? No. Jamás he visto nada bueno en mí, sino todo lo contrario.
-¿Y se puede saber por qué piensas eso? Conmigo te has portado como nunca nadie se había portado. Y sin conocer mi nombre.-dijo en un tono molesto.
Le miré sin saber exactamente por dónde empezar a darle explicaciones de por qué no veía nada bueno en mí.
-Soy un pequeño monstruito.
En ese momento paró el coche y me miró incrédulo por lo que había dicho.
-No vuelvas a decir eso, no delante de mí.
-¿Por qué?
-Porque no lo eres…-dijo intentando buscar un nombre para terminar su frase.
-Alice, me llamo Alice Hayes.
-Bonito nombre, pero no eres “un pequeño monstruito”. Eres la persona más agradable que jamás he conocido, y créeme, he conocido a muchas personas.
-Gracias, pero por muchas cosas que digas voy a seguir pensando lo mismo.
-¿Me estás retando? Puedo conseguir que te quieras, aunque sólo sea un poco.
-Inténtalo.
En ese momento me tendió su mano para que la estrechara, para dar así por cerrado el reto. Por un momento dudé, pero no perdía nada, así que cerramos el trato y reanudamos el camino hacia la capital.

A pesar de que el resto del camino no hablamos, se me hizo corto.
-Y bien, ¿a dónde vamos señorita?
-Primero a mi casa, necesito una ducha  para asimilar todo esto.
-Está bien, ¿por dónde?
Intenté indicarle todo lo bien que sabía para conseguir llegar casa sin saltarnos ningún semáforo.
-Puedes dejarme aquí, así puedes seguir con lo tuyo.
-¿Me estás echando?
-No, no, yo solo creí que tendrías cosas más importantes que hacer.
-Aunque las tuviera, no te dejaría sola. Venga, sube a casa que te espero aquí.
-Aparca allí, no te voy a dejar esperando aquí abajo todo el tiempo.
Aparcó sin ninguna dificultad, nos bajamos del coche, me ayudó a subir mis cosas y le invité a pasar.
-Pasa, todavía no me he comido a nadie por entrar en la casa.
-Está bien, ¿dónde dejo esto?-dijo señalando las maletas.
-Déjalas por aquí mismo.
Las soltó en un rincón del salón y se sentó en el sofá.
-¿Quieres algo de beber mientras tanto?
-No, gracias, pero venga, adelante, ve a ducharte.
-Vuelvo enseguida.
Entré rápidamente a la ducha. No quería tardar una eternidad estando él en el salón.
Noté como rápidamente el agua caliente se llevaba casi toda la preocupación y dejaba paso a la relajación.
“Mierda, me he dejado la ropa en el cuarto” pensé. Tenía dos opciones, o salir corriendo en ropa interior hacia el cuarto, o salir liada en una toalla.
Opté por unir las dos opciones; me gustaba ser precavida, así que me aseguré de que si salía en ese momento del baño no me vería, pero escuché que hablaba con alguien por teléfono.
-Está bien, sí. Estaré allí en cuanto pueda… ¿Podré llevar a alguien? Perfecto.
Colgó y se dio la vuelta. Parecía que iba a decir algo pero entonces me vio asomada a la puerta y vino hacia mí con una sonrisa divertida.
-¿Estás lista ya?
Cerré la puerta muriéndome de vergüenza y conseguí que las palabras salieran de mi boca.
-Sí, pero… Esto…Me he dejado la ropa en la habitación. Date la vuelta, tápate los ojos y me visto rápidamente.
Sabía perfectamente que estaba detrás de la puerta con su sonrisa de ¿qué vas a hacer ahora?, pero esperaba que me hiciese caso aunque solo fuese por una vez.
-Estoy seguro de que no tienes nada que no haya visto antes.
-Te aseguro que mi vergüenza y mal humor no son muy comunes, por no decir únicos.
Soltó una carcajada, y escuché cómo se alejaba de la puerta. Me asomé con cuidado para asegurarme de que no miraba, y salí corriendo hacia mi habitación.
-Te doy cinco minutos para vestirte, sino entraré en tu cuarto y te vestiré.
-Oh, venga, tampoco he tardado tanto en ducharme.
-No, pero sería gracioso tener que vestirte. Cinco minutos.
Sabía que era capaz de entrar a mi habitación y vestirme, así que cogí unos vaqueros, unos tenis y una camisa y me los puse lo más rápido que pude. Conseguí que me dejara un par de minutos más para intentar hacer algo con mi pelo, pero al final desistí y lo recogí en una coleta.
-Dime por favor que tienes más camisas así.
-La verdad es que no, ¿por qué?
-Te queda genial.
-Gracias.
Me puse de puntillas y le besé en la mejilla.
-¿Nos vamos?-pregunté.
-Por supuesto, ¿estás lista del todo o te falta algo?
-Estoy lista.
-Pues vámonos.-dijo sonriendo.
Cogí las llaves al salir, cerré la puerta y miré con atención la escena que tenía delante. Leo abriéndome la puerta de las escaleras ofreciéndome paso primero. Me acerqué a él, y justo cuando estaba en la puerta se me ocurrió algo y le miré divertida.

-¿Una carrera? 

sábado, 3 de mayo de 2014

Me hice añicos.

Llenamos la casa de velas de todos los tamaños, colores y formas, estaba todo precioso y decidimos quedarnos en el sofá hablando tranquilamente.
-Adoro las noches así.
-¿En serio? Pero si no se puede hacer nada.- dijo con tono de burla.
-Por eso mismo me gustan, porque son noches en las que la gente se abre al resto porque la televisión, la radio o cualquier otra cosa no funcionan para esconder las conversaciones realmente interesantes. Las conversaciones que salen del corazón.
No me contestó a eso, sin embargo noté cómo me miraba y me abrazaba. De pronto mi móvil comenzó a sonar con el ya típico “You give love a bad name” de Bon Jovi. Me acerqué a la mesa para ver quién era. Era mi madre. En ese momento tuve un mal presentimiento, mi madre no llamaba a esas horas a no ser que fuese necesario.
-¿Sí?
-Hola coco, ¿cómo estás?
-Hola mamá, bien, ¿y tú? ¿Ha pasado algo?-dije con la preocupación gritando al fondo de mi garganta.
-Yo estoy bien, cariño, pero acaban de ingresar a tu abuelo en el hospital.
-¿Por qué? ¿Qué ha pasado?
-No podía respirar bien…
-¿Pero está bien ya?- dije sin dejarla terminar de hablar.
-Sí, cariño, no te preocupes, ya está bien, pero lo van a dejar aquí por un tiempo para ver por qué no podía respirar correctamente. Tú no te preocupes y vuelve pronto, ¿vale?
-Mañana mismo le pido al tito el coche y voy para allí.
-Está bien, intenta dormir un poco anda. Hasta mañana.
-Hasta mañana mamá.
Colgué y solté el móvil en la mesa.
-¿Te vas mañana?-dijo Leo con cierta tristeza en su voz.
-Sí, tengo que irme. Voy a intentar recoger mis cosas ahora.
No quería llorar. No delante de él, pero mis ojos no aguantaron más y se deshicieron en lágrimas de preocupación y tristeza. Sequé mi cara con rapidez para intentar que no se diese cuenta.
-¿Qué ha pasado?-preguntó acercándose a mí y cogiéndome por la cintura.
-Mi abuelo, está en el hospital.
-¿Por qué?
-Porque no podía respirar bien, pero creo que hay algo más que no quieren contarme, al menos de momento.
Sin decir palabra me abrazó más fuerte y me apoyé sobre su pecho. Podía escuchar su respiración y sus latidos.
-No te preocupes, mañana a primera hora te llevaré de vuelta a Málaga.
-Gracias.-dije con la voz entrecortada, intentando aguantar las ganas de llorar.
Entonces me rompí en sollozos silenciosos, y él me besó la frente mientras seguía abrazándome.
-Voy a apagar todo esto y vamos a dormir, que vas a necesitar estas descansada para mañana.
Apagó todas las velas excepto una y subimos a los dormitorios. Nos dimos las buenas noches y fuimos cada uno al nuestro. Pasé más de media hora dando vueltas en la cama sin parar de comerme la cabeza.
Sabía de sobra que esa noche no iba a ser buena, necesitaba compañía, necesitaba no sentirme sola, o al menos sentirme menos sola que de costumbre. Así que salí de la habitación y me fui a la de Leo.
-¿Te importa dormir conmigo esta noche?
Le había despertado sin querer.
-Perdón, creí que aún estabas despierto.
-No pasa nada, anda ven.
Se puso a un lado de la cama y levantó las sábanas del otro para que me tumbara con él.
-Gracias otra vez.
-No tienes porque darlas.-dijo con un tono tranquilizador.
Necesitaba abrazarle, necesitaba que me abrazara, necesitaba no sentirme sola en ese instante, así que me acerqué más a él y le abracé por la espalda. Sin decir una palabra se dio la vuelta y me devolvió el abrazo. Su tranquilidad, su respiración y sus latidos; podía notar cómo me tranquilizaban. Tardé un poco en coger el sueño, pero conseguí dormir.
De pronto noté que alguien me estaba mirando y abrí los ojos para ver si era cierto. La luz de la mañana me cegó por completo pero pude ver con dificultad a Leo mirándome.
-Buenos días eh.
-Buenos días, mirón. ¿Qué hora es?-pregunté con voz de recién despertada.
-Las once y cuarto.
-¡Mierda!- dije dando un salto de la cama.- ¿Por qué no me has despertado antes?
-Parecías tan dulce durmiendo.
Le miré confusa.
-¿Yo? ¿Dulce durmiendo? Deja las drogas Leo, te están haciendo mal eh.
De pronto se levantó de la cama, se puso en frente de mí, me cogió la cara con sus manos con cuidado y me besó la frente.
-Qué idiota eres chica.
-Oye, que tengo nombre.
-Pero yo no sé tu nombre, ahora mismo juegas con ventaja.
-Me gusta jugar con ventaja.-dije guiñándole un ojo.- Venga, vamos que no llegamos.
Nos vestimos lo más rápido que pudimos y recogí mis cosas mientras él traía su coche a mi campo. Tardó unos quince minutos en llegar.
Cuando salí y vi aquel coche delante de mí no me lo podía creer. Era un Jaguar C-X17.
-¿Y con este coche consigues evitar a las fans? ¡Madre mía, pero si es increíble!
-¿Es bonito, verdad?
-Es precioso.
-Venga, dame eso que lo ponga en el maletero.
Le di mis cosas sin poder quitarle ojo al coche, era impresionante.
-¿Todo listo? Vámonos.
-Vámonos.

Subí al coche, pusimos música y nuestro pequeño viaje empezó.