miércoles, 26 de marzo de 2014

Demasiada tensión sexual.

Capítulo 4.
“No seas cursi” me dije a mí misma.
-Esto… Por nada.
-¿Seguro?
-Seguro. Son tonterías mías.
-Vale, si no me lo quieres decir, está bien.
Sonreí aliviada ya que no insistió. Y menos mal, porque me daba mucha vergüenza de solo pensarlo. Él se tumbó en el suelo suspirando.
-¿Qué te pasa?
-Nada, son tonterías mías.- sonrió, pero con esa sonrisa torcida que me encantaba.
-Eres un idiota.-dije agachando la cabeza y mirando para otro lado.
-Te has puesto roja.-dijo entre risas mientras se incorporaba para mirarme.
Le empujé, no muy fuerte pero lo suficiente para que volviera a tumbarse, aunque lo que yo no me esperaba era que me cogiese del brazo y me echase encima de él.
Si antes me había puesto roja, ahora estaría como un tomate. Qué situación más incómoda. Tenía que buscar alguna excusa para quitarme de ahí, aunque no se estaba nada mal.
-Uh, qué tarde es. Deberíamos volver y comer algo.
-La verdad es que si, me muero de hambre.
-Pues entonces vamos, no quiero que te mueras y mucho menos  de hambre.
Nos levantamos, llamé a los perros y nos volvimos a casa.
-¡Toby, Max, Elah, Dana! ¡Vamos!
Quizás dije eso en un tono demasiado cursi porque el chico misterioso se rió mientras miraba hacia otro lado.
-Eh tú, ¿de qué te ríes?
-De ese tono tuyo.
-¿Qué le pasa a mi tono, eh?
-Nada, me ha sonado muy cariñoso.
-Claro, es que los quiero mucho.
-No lo dudo.-sonrió.
En ese momento comenzó a llover, así que salimos todos corriendo hasta llegar a la casa, aunque nos pusimos empapados y con los zapatos llenos de barro. Y los perros, bueno… Parecían figuras de barro. Era algo demasiado divertido vernos a todos así.
Los perros se fueron a sus perreras y el chico y yo entramos en la casa y nos quitamos los zapatos en la puerta.
-Ven aquí, vamos a buscar un par de toallas para secarnos un poco.
Comenzamos  a andar por la casa dejando charcos allí donde poníamos los pies. Estábamos realmente mojados. Llegamos al baño y nos  quitamos los zapatos, cogimos un par de toallas y nos secamos un poco el pelo.
“Qué sexy está despeinado”, pensé, “deja de mirarle, deja pensar eso”.
-Oye, voy a calentar un poco de agua para darme una ducha, ¿te caliento un poco para ti?
-¿Y si nos duchamos juntos?
-¿¡Qué!? ¿¡Perdona!? No, no, no.
-Relájate, que era broma, y por cierto, cuando te pones roja estás guapísima.
Mierda, otra vez me había sonrojado.
-Bueno, pero, ¿te caliento agua o no?
-Sí, claro, pero las damas primero.
-Vale, vale, pero primero de todo, vamos a buscar algo de ropa seca.
-Está bien, tú delante.
Subimos a buscar algo de ropa, y después de revolver todo conseguimos encontrar un par de pantalones y camisetas, y unas cuantas sudaderas, por supuesto ropa interior. En cuanto lo tuvimos todo, bajamos y calenté un poco de agua para mí, ya que yo me ducharía primero.
-Oye, voy a ducharme, no tardo, al menos por la cuenta que me trae.
-¿Por la cuenta que te trae?
-O me ducho rápido o me muero de frío.
-En ese caso encenderé la chimenea para que en cuanto salgas puedas calentarte.
-Vaya, qué amable. Gracias.
Fui a ducharme e intenté no tardar mucho  ya que cada vez se notaba más  frío. Cuando salí de la ducha cogí la toalla aunque del mismo frío que hacía, parecía que eso no secaba.
Salí del baño ya vestida, aunque muerta de frío, y fui al salón a buscar al chico. Llegué y estaba la chimenea encendida pero él no estaba.
En ese momento entró por la puerta. “¿Dónde había ido?”.
-¿Te vas a quedar ahí mirándome o me vas a ayudar?
Me acerqué para ver en qué quería que le ayudase, y me di cuenta de que había traído leña.
-No quiero que te mueras de frío.
-Vaya, qué atento y detallista. Pues muchas gracias, pero ahora el que te vas a morir de frío eres tú, a no ser que te metas en la chimenea de cabeza.
-Bueno, tú podrías calentarme.
-La chimenea calienta mejor, te lo aseguro. Te ayudo con eso, y voy a calentarte un poco de agua.
Metimos la leña dentro, le di otra toalla ya que se había puesto empapado otra vez y fui a calentarle un poco de agua.
Mientras se calentaba el agua comencé a pensar que pronto tendría que volver a la ciudad. Estaba tan inmersa en mis pensamientos que no me di cuenta de que el agua ya estaba lo suficientemente caliente hasta que vi una figura pasar por mi lado. Me asusté, y me di la vuelta corriendo para ver qué era. El corazón me dio un vuelco, ¿otra vez estaban pasando cosas extrañas en esta casa? Por suerte vi que era el chico.
Comenzó a reírse porque me había asustado, y me di cuenta de que iba sin camiseta y con la toalla sobre la cabeza.
-¿De qué te ríes tanto?
-De que te asustas por nada.
-¿Por nada?
-Por nada.- se acercó a mí.
Creía que iba a abrazarme o algo, pero simplemente apagó el fuego.
-Creo que el agua ya está bastante caliente.-dijo.
-Mierda, se me olvidó.
-¿Se te olvidó, o querías cocerme?
-Idiota,-reí.-se me olvidó. Mézclala en la ducha con un poco de agua fría y ya está, problema solucionado.
-Está bien, está bien.-dijo mientras se llevaba el agua a la ducha.
Como iba sin camiseta pude ver su espalda a la perfección y, joder qué espalda tenía; daban ganas de arañarla.
-Bonita espalda.
Giró la cabeza para mirarme y puso esa sonrisa torcida suya y una mirada insinuante. Se dio la vuelta por completo y vino hacia a mí. Me cogió por la cintura y me acercó a él, le abracé por encima del cuello y me quedé mirándole mientras intentaba no morderme el labio. La tensión sexual no resuelta se notaba demasiado, y yo por mi parte quería resolverla.
-Con que te gusta mi espalda, ¿eh?
-Sí, bastante, la verdad.
-Qué curioso.
-¿El qué?
-Después te lo digo, que se me enfría el agua.-me besó la mejilla y se fue hacia el baño.

Maldito sea, me había dejado con ganas de besarle. Y de saber qué le resultaba tan curioso.


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