Lo tenía tan cerca. Podía notar sus dedos jugando
por mi espalda por encima del vestido. Tenía una mirada tan dulce e intensa,
que derretiría a cualquiera. Y joder, tenerlo cerca me transmitía todo lo que
yo necesitaba. Pasión, calma, serenidad, era tan sexy, era todo lo que quería
pero sin embargo y a pesar de todo, yo tenía la sensación de no merecerlo. Pero
lo merecía, aunque solo fuese por unos minutos. Me merecía unos minutos de
diversión después de todo, y él era perfecto para divertirme.
-Señor Laureth, si me permite una pequeña
observación…
Me miró ansioso por saber qué diría.
-Creo que no debería quitarme el vestido, ya que
si hace eso, me veré en la obligación de quitarle la camisa, o quizás los
pantalones. Estoy algo indecisa.
-Me parece una buena idea.
-Pero Marie está ahí fuera, esperando a que salga
para clavarme sus ojos y decir que el vestido me queda fantástico, o es mejor
que pruebe con otro.
Puso esa sonrisa que tanto me gustaba, esa
sonrisa de lado.
-Marie, ¿puedes hacerme un favor?
-Claro, Leo, ¿ocurre algo?
-No, no hay de qué preocuparse. Simplemente, ¿podrías dejarnos solos a la
señorita Alice y a mí unos minutos? Tenemos que hablar de algo… Íntimo.
-Oh, ya veo, estaré por el otro lado por si
necesitáis algo.
-Gracias, Marie. Bueno, ¿por dónde íbamos
señorita Hayes?
-Bueno, creo que íbamos por la parte dónde yo
hacía algo así.
Me lancé. Le besé mientras le acercaba más a mí.
Podía notar los nervios en mi estómago, la emoción en mi piel de gallina, y la
pasión que emanaba Leo en aquel beso. Fue intenso, apasionado, fue Leo en todo
su esplendor.
-Alice, date la vuelta.
-¿Por qué?
-Porque no consigo deshacer el nudo del corsé.
-Oh, vaya.- Se me escapó una pequeña risa.
-Así si podré continuar.
Podía notar como deshacía el nudo del corsé y como
su respiración se aceleraba. Terminó, me
dio la vuelta, me daba vergüenza que me viera así, así que procuré mantenerme
lo más cerca de él que pude. Él me miraba como si nunca hubiese visto a alguien
como yo, me miraba como si fuese única.
Me tenía contra la pared, no podía quitármelo de
encima, bueno, más bien, no quería. No podía parar de besarle, le quería a él,
le quería ahora. Uno a uno desabroché los botones de su camisa, disfrutando
cómo con cada botón estaba más cerca de
sentirle por completo, de notar su piel contra la mía. Olía tan bien.
Paró, y me miró con esos ojos, con esa mirada tan
intensa. Por un momento comencé a morderme el labio.
-Señorita Hayes, eso de morderle el labio es cosa
mía.
-Pero señor Laureth, si usted me muerde, me veré
en la obligación de morderle.
-Bueno, a veces para pasarlo bien hay que aceptar
algunos riesgos.
Tiró hacia abajo con una de sus manos para que lo
soltara y le mordí antes de que él pudiera hacer nada. Con su cuello entre mis
dientes pude notar como soltó un pequeño gemido. Sin tiempo para volver a morderle
o besarle, me levantó los brazos y los sujetó sobre mi cabeza. No podía hacer
nada, me tenía inmovilizada.
-Alice, otra vez te estás mordiendo el labio.
-No me dejas otra opción, no puedo moverme y no
quiero que pares.
-Ah, eres una chica impaciente.
-Sólo a veces.
-Está bien. ¿Serás capaz de quedarte quieta con
los brazos sobre tu cabeza?
-Puedo intentarlo.- le dije poniendo mi mejor
cara de niña buena.
Me soltó y, simplemente, se quedó mirándome, sin
decir nada, sin hacer nada, sólo mirándome.
-Eres tan jodidamente preciosa Alice, ¿no te das
cuenta?
Comencé a bajar los brazos lentamente mientras
negaba con la cabeza.
Rápidamente reaccionó. Volvió a besarme pero esta
vez, lo hizo como nunca. Me cogió en brazos. Podía notarle más que nunca, conmigo,
en mí.
-Ssh, baja el tono, Marie está al otro lado.
-Si quieres que baje el tono tendrás que bajar el
ritmo.
-¿Quieres que lo haga?
-Por favor, no.
Entonces me besó, así Marie no podría oírme o al
menos me oiría menos. Me sentía viva por primera vez en años, me sentía bien,
podía sentirme yo misma.
Después de un rato salimos del probador entre
risas, miradas y alguna que otra caricia.
-Os ha costado decidiros por lo que veo, ¿no?-
preguntó Marie.
-Sí, bueno, son todos preciosos y Leo no sabía
decir tampoco cual me quedaba mejor, pero hemos conseguido ponernos de acuerdo.
-Ya sabes Marie, a veces soy bastante indeciso,
sobre todo a la hora de elegir vestidos para chicas tan preciosas que están mejor
sin…
Le di un codazo a tiempo.
-… Sin complicarse. Y también nos llevaremos esa
máscara de encaje negra.
-Sin complicarse, ¿eh? Bueno os lleváis este
vestido verde con su correspondiente corsé y una preciosa máscara de encaje
todo hecho a mano. Pues serán 1.537’75€.
-Aquí tienes Marie.
-Espera, Leo, ¿estás seguro? Si no, puedo elegir
otro más barato o incluso no tengo porqué ir a la fiesta.- le dije murmurando.
-Shh, creo que nunca he estado más seguro. A
parte ya me lo pagarás.
-Pero no tengo tanto dinero.
-¿Y quién te ha dicho que me lo vayas a pagar en
euros?- me guiñó un ojo.
-Listo, Leo, aquí tenéis, y que disfrutéis de la
fiesta, espero que tanto como del probador.
Oh, joder, Marie debía de habernos escuchado,
debía de haberlo escuchado todo si había oído lo de la fiesta, cosa que le
había dicho en un susurro a Leo.
-Ten por seguro que la disfrutaremos igual o
incluso más.- respondió Leo, ni corto ni perezoso mientras yo intentaba
disimular la vergüenza que sentía en ese momento aunque el rojo de mi cara me
lo impidiese.
No hay comentarios:
Publicar un comentario