A pesar de todos los baches que tenía la
carretera, conducía tan bien que apenas se notaban. La música que nos envolvía
era alegre, animada, justo el tipo de música que necesitaba. De pronto comenzó
a sonar “Coming home” de Skylar Grey y todo en mí cambió. El
buen humor se tornó en tristeza y mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
En un intento por aguantar comencé a
cantar en voz baja. Él se dio cuenta y bajó la música.
-Oye, ¿por qué bajas la música?
-Estabas cantando, ¿no? Pues quiero
escucharte bien.
-Pero si canto fatal. Te destrozaría los
tímpanos.
-¿Por qué eres tan negativa contigo
misma? Tienes un montón de cosas buenas, ¿acaso no lo ves?
-¿Sinceramente? No. Jamás he visto nada
bueno en mí, sino todo lo contrario.
-¿Y se puede saber por qué piensas eso?
Conmigo te has portado como nunca nadie se había portado. Y sin conocer mi
nombre.-dijo en un tono molesto.
Le miré sin saber exactamente por dónde
empezar a darle explicaciones de por qué no veía nada bueno en mí.
-Soy un pequeño monstruito.
En ese momento paró el coche y me miró
incrédulo por lo que había dicho.
-No vuelvas a decir eso, no delante de
mí.
-¿Por qué?
-Porque no lo eres…-dijo intentando
buscar un nombre para terminar su frase.
-Alice, me llamo Alice Hayes.
-Bonito nombre, pero no eres “un pequeño
monstruito”. Eres la persona más agradable que jamás he conocido, y créeme, he
conocido a muchas personas.
-Gracias, pero por muchas cosas que digas
voy a seguir pensando lo mismo.
-¿Me estás retando? Puedo conseguir que
te quieras, aunque sólo sea un poco.
-Inténtalo.
En ese momento me tendió su mano para que
la estrechara, para dar así por cerrado el reto. Por un momento dudé, pero no
perdía nada, así que cerramos el trato y reanudamos el camino hacia la capital.
A pesar de que el resto del camino no
hablamos, se me hizo corto.
-Y bien, ¿a dónde vamos señorita?
-Primero a mi casa, necesito una
ducha para asimilar todo esto.
-Está bien, ¿por dónde?
Intenté indicarle todo lo bien que sabía
para conseguir llegar casa sin saltarnos ningún semáforo.
-Puedes dejarme aquí, así puedes seguir
con lo tuyo.
-¿Me estás echando?
-No, no, yo solo creí que tendrías cosas
más importantes que hacer.
-Aunque las tuviera, no te dejaría sola.
Venga, sube a casa que te espero aquí.
-Aparca allí, no te voy a dejar esperando
aquí abajo todo el tiempo.
Aparcó sin ninguna dificultad, nos
bajamos del coche, me ayudó a subir mis cosas y le invité a pasar.
-Pasa, todavía no me he comido a nadie
por entrar en la casa.
-Está bien, ¿dónde dejo esto?-dijo
señalando las maletas.
-Déjalas por aquí mismo.
Las soltó en un rincón del salón y se
sentó en el sofá.
-¿Quieres algo de beber mientras tanto?
-No, gracias, pero venga, adelante, ve a
ducharte.
-Vuelvo enseguida.
Entré rápidamente a la ducha. No quería
tardar una eternidad estando él en el salón.
Noté como rápidamente el agua caliente se
llevaba casi toda la preocupación y dejaba paso a la relajación.
“Mierda, me he dejado la ropa en el cuarto” pensé. Tenía dos opciones, o salir corriendo en ropa interior hacia el
cuarto, o salir liada en una toalla.
Opté por unir las dos opciones; me
gustaba ser precavida, así que me aseguré de que si salía en ese momento del
baño no me vería, pero escuché que hablaba con alguien por teléfono.
-Está bien, sí. Estaré allí en cuanto pueda…
¿Podré llevar a alguien? Perfecto.
Colgó y se dio la vuelta. Parecía que iba
a decir algo pero entonces me vio asomada a la puerta y vino hacia mí con una sonrisa divertida.
-¿Estás lista ya?
Cerré la puerta muriéndome de vergüenza y
conseguí que las palabras salieran de mi boca.
-Sí, pero… Esto…Me he dejado la ropa en
la habitación. Date la vuelta, tápate los ojos y me visto rápidamente.
Sabía perfectamente que estaba detrás de
la puerta con su sonrisa de ¿qué vas a
hacer ahora?, pero esperaba que me hiciese caso aunque solo fuese por una vez.
-Estoy seguro de que no tienes nada que
no haya visto antes.
-Te aseguro que mi vergüenza y mal humor
no son muy comunes, por no decir únicos.
Soltó una carcajada, y escuché cómo se
alejaba de la puerta. Me asomé con cuidado para asegurarme de que no miraba, y
salí corriendo hacia mi habitación.
-Te doy cinco minutos para vestirte, sino
entraré en tu cuarto y te vestiré.
-Oh, venga, tampoco he tardado tanto en
ducharme.
-No, pero sería gracioso tener que
vestirte. Cinco minutos.
Sabía que era capaz de entrar a mi
habitación y vestirme, así que cogí unos vaqueros, unos tenis y una camisa y me
los puse lo más rápido que pude. Conseguí que me dejara un par de minutos más
para intentar hacer algo con mi pelo, pero al final desistí y lo recogí en una coleta.
-Dime por favor que tienes más camisas
así.
-La verdad es que no, ¿por qué?
-Te queda genial.
-Gracias.
Me puse de puntillas y le besé en la
mejilla.
-¿Nos vamos?-pregunté.
-Por supuesto, ¿estás lista del todo o te
falta algo?
-Estoy lista.
-Pues vámonos.-dijo sonriendo.
Cogí las llaves al salir, cerré la puerta
y miré con atención la escena que tenía delante. Leo abriéndome la puerta de
las escaleras ofreciéndome paso primero. Me acerqué a él, y justo cuando estaba
en la puerta se me ocurrió algo y le miré divertida.
-¿Una carrera?
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