martes, 6 de mayo de 2014

Que empiece el juego.

A pesar de todos los baches que tenía la carretera, conducía tan bien que apenas se notaban. La música que nos envolvía era alegre, animada, justo el tipo de música que necesitaba. De pronto comenzó a sonar “Coming home” de Skylar Grey y todo en mí cambió. El buen humor se tornó en tristeza y mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.

En un intento por aguantar comencé a cantar en voz baja. Él se dio cuenta y bajó la música.
-Oye, ¿por qué bajas la música?
-Estabas cantando, ¿no? Pues quiero escucharte bien.
-Pero si canto fatal. Te destrozaría los tímpanos.
-¿Por qué eres tan negativa contigo misma? Tienes un montón de cosas buenas, ¿acaso no lo ves?
-¿Sinceramente? No. Jamás he visto nada bueno en mí, sino todo lo contrario.
-¿Y se puede saber por qué piensas eso? Conmigo te has portado como nunca nadie se había portado. Y sin conocer mi nombre.-dijo en un tono molesto.
Le miré sin saber exactamente por dónde empezar a darle explicaciones de por qué no veía nada bueno en mí.
-Soy un pequeño monstruito.
En ese momento paró el coche y me miró incrédulo por lo que había dicho.
-No vuelvas a decir eso, no delante de mí.
-¿Por qué?
-Porque no lo eres…-dijo intentando buscar un nombre para terminar su frase.
-Alice, me llamo Alice Hayes.
-Bonito nombre, pero no eres “un pequeño monstruito”. Eres la persona más agradable que jamás he conocido, y créeme, he conocido a muchas personas.
-Gracias, pero por muchas cosas que digas voy a seguir pensando lo mismo.
-¿Me estás retando? Puedo conseguir que te quieras, aunque sólo sea un poco.
-Inténtalo.
En ese momento me tendió su mano para que la estrechara, para dar así por cerrado el reto. Por un momento dudé, pero no perdía nada, así que cerramos el trato y reanudamos el camino hacia la capital.

A pesar de que el resto del camino no hablamos, se me hizo corto.
-Y bien, ¿a dónde vamos señorita?
-Primero a mi casa, necesito una ducha  para asimilar todo esto.
-Está bien, ¿por dónde?
Intenté indicarle todo lo bien que sabía para conseguir llegar casa sin saltarnos ningún semáforo.
-Puedes dejarme aquí, así puedes seguir con lo tuyo.
-¿Me estás echando?
-No, no, yo solo creí que tendrías cosas más importantes que hacer.
-Aunque las tuviera, no te dejaría sola. Venga, sube a casa que te espero aquí.
-Aparca allí, no te voy a dejar esperando aquí abajo todo el tiempo.
Aparcó sin ninguna dificultad, nos bajamos del coche, me ayudó a subir mis cosas y le invité a pasar.
-Pasa, todavía no me he comido a nadie por entrar en la casa.
-Está bien, ¿dónde dejo esto?-dijo señalando las maletas.
-Déjalas por aquí mismo.
Las soltó en un rincón del salón y se sentó en el sofá.
-¿Quieres algo de beber mientras tanto?
-No, gracias, pero venga, adelante, ve a ducharte.
-Vuelvo enseguida.
Entré rápidamente a la ducha. No quería tardar una eternidad estando él en el salón.
Noté como rápidamente el agua caliente se llevaba casi toda la preocupación y dejaba paso a la relajación.
“Mierda, me he dejado la ropa en el cuarto” pensé. Tenía dos opciones, o salir corriendo en ropa interior hacia el cuarto, o salir liada en una toalla.
Opté por unir las dos opciones; me gustaba ser precavida, así que me aseguré de que si salía en ese momento del baño no me vería, pero escuché que hablaba con alguien por teléfono.
-Está bien, sí. Estaré allí en cuanto pueda… ¿Podré llevar a alguien? Perfecto.
Colgó y se dio la vuelta. Parecía que iba a decir algo pero entonces me vio asomada a la puerta y vino hacia mí con una sonrisa divertida.
-¿Estás lista ya?
Cerré la puerta muriéndome de vergüenza y conseguí que las palabras salieran de mi boca.
-Sí, pero… Esto…Me he dejado la ropa en la habitación. Date la vuelta, tápate los ojos y me visto rápidamente.
Sabía perfectamente que estaba detrás de la puerta con su sonrisa de ¿qué vas a hacer ahora?, pero esperaba que me hiciese caso aunque solo fuese por una vez.
-Estoy seguro de que no tienes nada que no haya visto antes.
-Te aseguro que mi vergüenza y mal humor no son muy comunes, por no decir únicos.
Soltó una carcajada, y escuché cómo se alejaba de la puerta. Me asomé con cuidado para asegurarme de que no miraba, y salí corriendo hacia mi habitación.
-Te doy cinco minutos para vestirte, sino entraré en tu cuarto y te vestiré.
-Oh, venga, tampoco he tardado tanto en ducharme.
-No, pero sería gracioso tener que vestirte. Cinco minutos.
Sabía que era capaz de entrar a mi habitación y vestirme, así que cogí unos vaqueros, unos tenis y una camisa y me los puse lo más rápido que pude. Conseguí que me dejara un par de minutos más para intentar hacer algo con mi pelo, pero al final desistí y lo recogí en una coleta.
-Dime por favor que tienes más camisas así.
-La verdad es que no, ¿por qué?
-Te queda genial.
-Gracias.
Me puse de puntillas y le besé en la mejilla.
-¿Nos vamos?-pregunté.
-Por supuesto, ¿estás lista del todo o te falta algo?
-Estoy lista.
-Pues vámonos.-dijo sonriendo.
Cogí las llaves al salir, cerré la puerta y miré con atención la escena que tenía delante. Leo abriéndome la puerta de las escaleras ofreciéndome paso primero. Me acerqué a él, y justo cuando estaba en la puerta se me ocurrió algo y le miré divertida.

-¿Una carrera? 

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