sábado, 3 de mayo de 2014

Me hice añicos.

Llenamos la casa de velas de todos los tamaños, colores y formas, estaba todo precioso y decidimos quedarnos en el sofá hablando tranquilamente.
-Adoro las noches así.
-¿En serio? Pero si no se puede hacer nada.- dijo con tono de burla.
-Por eso mismo me gustan, porque son noches en las que la gente se abre al resto porque la televisión, la radio o cualquier otra cosa no funcionan para esconder las conversaciones realmente interesantes. Las conversaciones que salen del corazón.
No me contestó a eso, sin embargo noté cómo me miraba y me abrazaba. De pronto mi móvil comenzó a sonar con el ya típico “You give love a bad name” de Bon Jovi. Me acerqué a la mesa para ver quién era. Era mi madre. En ese momento tuve un mal presentimiento, mi madre no llamaba a esas horas a no ser que fuese necesario.
-¿Sí?
-Hola coco, ¿cómo estás?
-Hola mamá, bien, ¿y tú? ¿Ha pasado algo?-dije con la preocupación gritando al fondo de mi garganta.
-Yo estoy bien, cariño, pero acaban de ingresar a tu abuelo en el hospital.
-¿Por qué? ¿Qué ha pasado?
-No podía respirar bien…
-¿Pero está bien ya?- dije sin dejarla terminar de hablar.
-Sí, cariño, no te preocupes, ya está bien, pero lo van a dejar aquí por un tiempo para ver por qué no podía respirar correctamente. Tú no te preocupes y vuelve pronto, ¿vale?
-Mañana mismo le pido al tito el coche y voy para allí.
-Está bien, intenta dormir un poco anda. Hasta mañana.
-Hasta mañana mamá.
Colgué y solté el móvil en la mesa.
-¿Te vas mañana?-dijo Leo con cierta tristeza en su voz.
-Sí, tengo que irme. Voy a intentar recoger mis cosas ahora.
No quería llorar. No delante de él, pero mis ojos no aguantaron más y se deshicieron en lágrimas de preocupación y tristeza. Sequé mi cara con rapidez para intentar que no se diese cuenta.
-¿Qué ha pasado?-preguntó acercándose a mí y cogiéndome por la cintura.
-Mi abuelo, está en el hospital.
-¿Por qué?
-Porque no podía respirar bien, pero creo que hay algo más que no quieren contarme, al menos de momento.
Sin decir palabra me abrazó más fuerte y me apoyé sobre su pecho. Podía escuchar su respiración y sus latidos.
-No te preocupes, mañana a primera hora te llevaré de vuelta a Málaga.
-Gracias.-dije con la voz entrecortada, intentando aguantar las ganas de llorar.
Entonces me rompí en sollozos silenciosos, y él me besó la frente mientras seguía abrazándome.
-Voy a apagar todo esto y vamos a dormir, que vas a necesitar estas descansada para mañana.
Apagó todas las velas excepto una y subimos a los dormitorios. Nos dimos las buenas noches y fuimos cada uno al nuestro. Pasé más de media hora dando vueltas en la cama sin parar de comerme la cabeza.
Sabía de sobra que esa noche no iba a ser buena, necesitaba compañía, necesitaba no sentirme sola, o al menos sentirme menos sola que de costumbre. Así que salí de la habitación y me fui a la de Leo.
-¿Te importa dormir conmigo esta noche?
Le había despertado sin querer.
-Perdón, creí que aún estabas despierto.
-No pasa nada, anda ven.
Se puso a un lado de la cama y levantó las sábanas del otro para que me tumbara con él.
-Gracias otra vez.
-No tienes porque darlas.-dijo con un tono tranquilizador.
Necesitaba abrazarle, necesitaba que me abrazara, necesitaba no sentirme sola en ese instante, así que me acerqué más a él y le abracé por la espalda. Sin decir una palabra se dio la vuelta y me devolvió el abrazo. Su tranquilidad, su respiración y sus latidos; podía notar cómo me tranquilizaban. Tardé un poco en coger el sueño, pero conseguí dormir.
De pronto noté que alguien me estaba mirando y abrí los ojos para ver si era cierto. La luz de la mañana me cegó por completo pero pude ver con dificultad a Leo mirándome.
-Buenos días eh.
-Buenos días, mirón. ¿Qué hora es?-pregunté con voz de recién despertada.
-Las once y cuarto.
-¡Mierda!- dije dando un salto de la cama.- ¿Por qué no me has despertado antes?
-Parecías tan dulce durmiendo.
Le miré confusa.
-¿Yo? ¿Dulce durmiendo? Deja las drogas Leo, te están haciendo mal eh.
De pronto se levantó de la cama, se puso en frente de mí, me cogió la cara con sus manos con cuidado y me besó la frente.
-Qué idiota eres chica.
-Oye, que tengo nombre.
-Pero yo no sé tu nombre, ahora mismo juegas con ventaja.
-Me gusta jugar con ventaja.-dije guiñándole un ojo.- Venga, vamos que no llegamos.
Nos vestimos lo más rápido que pudimos y recogí mis cosas mientras él traía su coche a mi campo. Tardó unos quince minutos en llegar.
Cuando salí y vi aquel coche delante de mí no me lo podía creer. Era un Jaguar C-X17.
-¿Y con este coche consigues evitar a las fans? ¡Madre mía, pero si es increíble!
-¿Es bonito, verdad?
-Es precioso.
-Venga, dame eso que lo ponga en el maletero.
Le di mis cosas sin poder quitarle ojo al coche, era impresionante.
-¿Todo listo? Vámonos.
-Vámonos.

Subí al coche, pusimos música y nuestro pequeño viaje empezó.


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