Llenamos la casa de velas de todos los
tamaños, colores y formas, estaba todo precioso y decidimos quedarnos en el
sofá hablando tranquilamente.
-Adoro las noches así.
-¿En serio? Pero si no se puede hacer
nada.- dijo con tono de burla.
-Por eso mismo me gustan, porque son
noches en las que la gente se abre al resto porque la televisión, la radio o
cualquier otra cosa no funcionan para esconder las conversaciones realmente
interesantes. Las conversaciones que salen del corazón.
No me contestó a eso, sin embargo noté
cómo me miraba y me abrazaba. De pronto mi móvil comenzó a sonar con el ya
típico “You give love a bad name” de Bon Jovi. Me acerqué a la mesa para ver
quién era. Era mi madre. En ese momento tuve un mal presentimiento, mi madre no
llamaba a esas horas a no ser que fuese necesario.
-¿Sí?
-Hola coco, ¿cómo estás?
-Hola mamá, bien, ¿y tú? ¿Ha pasado
algo?-dije con la preocupación gritando al fondo de mi garganta.
-Yo estoy bien, cariño, pero acaban de
ingresar a tu abuelo en el hospital.
-¿Por qué? ¿Qué ha pasado?
-No podía respirar bien…
-¿Pero está bien ya?- dije sin dejarla
terminar de hablar.
-Sí, cariño, no te preocupes, ya está
bien, pero lo van a dejar aquí por un tiempo para ver por qué no podía respirar
correctamente. Tú no te preocupes y vuelve pronto, ¿vale?
-Mañana mismo le pido al tito el coche y
voy para allí.
-Está bien, intenta dormir un poco anda.
Hasta mañana.
-Hasta mañana mamá.
Colgué y solté el móvil en la mesa.
-¿Te vas mañana?-dijo Leo con cierta
tristeza en su voz.
-Sí, tengo que irme. Voy a intentar
recoger mis cosas ahora.
No quería llorar. No delante de él, pero
mis ojos no aguantaron más y se deshicieron en lágrimas de preocupación y
tristeza. Sequé mi cara con rapidez para intentar que no se diese cuenta.
-¿Qué ha pasado?-preguntó acercándose a
mí y cogiéndome por la cintura.
-Mi abuelo, está en el hospital.
-¿Por qué?
-Porque no podía respirar bien, pero creo
que hay algo más que no quieren contarme, al menos de momento.
Sin decir palabra me abrazó más fuerte y
me apoyé sobre su pecho. Podía escuchar su respiración y sus latidos.
-No te preocupes, mañana a primera hora
te llevaré de vuelta a Málaga.
-Gracias.-dije con la voz entrecortada,
intentando aguantar las ganas de llorar.
Entonces me rompí en sollozos
silenciosos, y él me besó la frente mientras seguía abrazándome.
-Voy a apagar todo esto y vamos a dormir,
que vas a necesitar estas descansada para mañana.
Apagó todas las velas excepto una y
subimos a los dormitorios. Nos dimos las buenas noches y fuimos cada uno al
nuestro. Pasé más de media hora dando vueltas en la cama sin parar de comerme la
cabeza.
Sabía de sobra que esa noche no iba a ser
buena, necesitaba compañía, necesitaba no sentirme sola, o al menos sentirme
menos sola que de costumbre. Así que salí de la habitación y me fui a la de
Leo.
-¿Te importa dormir conmigo esta noche?
Le había despertado sin querer.
-Perdón, creí que aún estabas despierto.
-No pasa nada, anda ven.
Se puso a un lado de la cama y levantó
las sábanas del otro para que me tumbara con él.
-Gracias otra vez.
-No tienes porque darlas.-dijo con un
tono tranquilizador.
Necesitaba abrazarle, necesitaba que me
abrazara, necesitaba no sentirme sola en ese instante, así que me acerqué más a
él y le abracé por la espalda. Sin decir una palabra se dio la vuelta y me
devolvió el abrazo. Su tranquilidad, su respiración y sus latidos; podía notar
cómo me tranquilizaban. Tardé un poco en coger el sueño, pero conseguí dormir.
De pronto noté que alguien me estaba
mirando y abrí los ojos para ver si era cierto. La luz de la mañana me cegó por
completo pero pude ver con dificultad a Leo mirándome.
-Buenos días eh.
-Buenos días, mirón. ¿Qué hora es?-pregunté
con voz de recién despertada.
-Las once y cuarto.
-¡Mierda!- dije dando un salto de la
cama.- ¿Por qué no me has despertado antes?
-Parecías tan dulce durmiendo.
Le miré confusa.
-¿Yo? ¿Dulce durmiendo? Deja las drogas
Leo, te están haciendo mal eh.
De pronto se levantó de la cama, se puso
en frente de mí, me cogió la cara con sus manos con cuidado y me besó la
frente.
-Qué idiota eres chica.
-Oye, que tengo nombre.
-Pero yo no sé tu nombre, ahora mismo
juegas con ventaja.
-Me gusta jugar con ventaja.-dije
guiñándole un ojo.- Venga, vamos que no llegamos.
Nos vestimos lo más rápido que pudimos y
recogí mis cosas mientras él traía su coche a mi campo. Tardó unos quince
minutos en llegar.
Cuando salí y vi aquel coche delante de
mí no me lo podía creer. Era un Jaguar
C-X17.
-¿Y con este coche consigues evitar a las
fans? ¡Madre mía, pero si es increíble!
-¿Es bonito, verdad?
-Es precioso.
-Venga, dame eso que lo ponga en el
maletero.
Le di mis cosas sin poder quitarle ojo al
coche, era impresionante.
-¿Todo listo? Vámonos.
-Vámonos.
Subí al coche, pusimos música y nuestro
pequeño viaje empezó.
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